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La seguridad del cambio

 La colaboración de Diego Bonet G

Sí, ya lo advertía Murray Edelman hace más de 25 años, en su libro “Construyendo el Espectáculo Político (1988)”. La política no es el arte de contrastar opciones plurales que la democracia supondría, sino el espectáculo que los grupos e individuos con mayores materiales simbólicos construyen para satisfacer los miedos y entusiasmos de la sociedad. En suma, la política es ante todo, una emoción. Una que debe movilizar y activar. La política debe ser fuente inagotable de energía. En este sentido, la batalla que ganó Andrés Manuel López Obrador, es más cultural que política. 

 

Es el lenguaje y los símbolos, y no los hechos en cualquier otra acepción, lo que la gente experimenta”. La política se siente, se vive, se respira y transpira.Eso hizo López Obrador el 1 de diciembre pasado en su toma de protesta como Presidente de México. Primero, con la clase política, nacional y mundial, en el Congreso y en la comida entre Jefes de Estado. Luego, con el pueblo en la plaza pública del Zócalo capitalino. Comió junto a un Rey, y horas más tarde, se incó ante un indígena. La apertura de Los Pinos y la venta del avión presidencial, se exhibió ante el público como la autopsia del cuerpo podrido. La banda presidencial y el bastón de mando fueron las llaves que abrieron el anfiteatro de la exhibición. 

 

Para Edelman, el discurso político escapa de la complejidad real de las interacciones políticas, sociales, culturales y económicas por la necesidad de atraer como imán a las “masas” que quizá por la desesperanza presentan pasividad ante los asuntos de Estado. Como consecuencia, son apelados con discursos más elementales y directos: la dramatización, la personalización y la simplificación. Un puñado de enemigos causantes de todos los males en una mano y en la otra un puñado de soluciones inmediatas. Ello conduce, según Edelman, a la reducción de los lentos y multifactoriales procesos sociales a la unidimensionalidad de un presente elemental, sesgado por las propias convicciones. 

 

Mientras todo esto pasa, la realidad se mantiene sin variación, gobierne quien gobierne, porque las definiciones políticas ofrecidas apenas superan el plano simbólico y las transformaciones reales son la mayoría de las veces superadas por los plazos electorales. 

 

La seguridad del cambio, por ahora, me parece se ha quedado en la política simbólica. Sin embargo, los símbolos alcanzan hasta que la realidad los rebasa. ¿De qué sirve visitar la ostentosa recámara presidencial en donde dormían los presidentes del pasado en Los Pinos, si hoy duermen tranquilos en otra recámara, quizá igual de ostentosa, por la promesa de impunidad que Andrés Manuel hizo, por ejemplo?

 

#ilos: Desde la más intensa cercanía confirmé ayer que Andrés Manuel @lopezobrador_ ha tenido una transfiguración: se mostró con una convicción profunda, más allá del poder y la gloria. Se reveló como un personaje místico, cruzado, un iluminado. (1/2) La entrega que ofreció al pueblo de México es total. Se ha dicho que es un protestante disfrazado. Es un auténtico hijo laico de Dios y un servidor de la patria. Sigámoslo y cuidémoslo todos. (2/2). No lo escribió Shakespeare, lo escribió Porfirio Muñoz Ledoen Twitter. Digno espectáculo político. 

 

Twitter: @DiegoBonetG

 

 

 

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