Por Diego Bonet G.

El marionetista

El uso de las marionetas comenzó en la antigua Grecia. Los griegos las llamaban neurospasta, que significa objeto puesto en movimiento mediante cuerdas. Aristóteles también habló de ellas (las marionetas) cuando decía que si aquellos que hacían mover a estas figuritas de madera, tiraban del hilo que correspondía a uno y otro lado, éstas obedecían de inmediato.  

 

Se veía cómo se movían los ojos, las manos, la cabeza y la boca, a merced de alguien que las manipulaba. Un ente imaginario al que el marionetista le daba vida y animación. El lugar donde se realizaban las representaciones de las marionetas se llamaba “teatrillo” o “teatrino”, generalmente, cumpliendo la función de representar el ambiente escénico.

 

Algo similar está ocurriendo con la sociedad mexicana. El marionetista electo, Andrés Manuel López Obrador, un día tira más de un lado que del otro, y por contradictorio que parezca, al otro día tira más del otro, dependiendo del teatrillo en donde se encuentre. 

 

En la cuerda de la derecha; están los que apoyaron a Texcoco, los fifís y pirruris, la mafia del poder, la prensa vendida y los ricos del país. En la cuerda de la izquierda, más cercana a su corazón hasta por razones naturales; están los que apoyaron a Santa Lucía, el pueblo sabio y los chairos, la “república del amor”, la nueva comentocracia y los pobres de la nación. Justo en ese orden, porque el marionetista mueve y enfrenta a ambos lados según convenga.

 

Para muestra un botón. El jueves 24 de octubre a eso de las 8 y media de la mañana pasaditas, Andrés Manuel López obrador acudió a votar en su consulta sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de México. Los reporteros no tardaron en llegar a preguntarle. Más de la mitad de la entrevista sirvió para atacar a un periodista por haber dicho algo que no le gustó. Y cito: “Venía escuchando el radio y Carlos Loret de Mola gritaba como pregonero diciendo que va a haber devaluación. Como si Loret tuviera acciones en el aeropuerto o Televisa las tuviera”. 

 

Tan solo un día después, AMLO estaba sentado en el Foro 2 de San Ángel sentado en la misma mesa y al lado del presidente de Televisa. A escazos metro de Carlos Loret de Mola, a quien seguramente saludó sin ningún empacho. Fue entrevistado por Denise Maerker. Apapachó a la televisora; dijo que “es una empresa extraordinaria”, que ningún medio, mucho menos Internet, tenía el alcance de Televisa, un orgullo para el país”. El teatrillo en esta ocasión era el upfront de la empresa en donde se presentaron proyectos futuros. Así es, en la 4T, un día se golpea y al otro se apapacha.

 

Lo peligroso del acto es que no se trata de un monólogo aislado. El público enardecido, en las calles y redes, insulta al de enfrente, porque la marioneta dijo lo que sus oídos querían oír, afirmó lo que para su verdad era cierto, hizo lo que sus impulsos necesitaban satisfacer y se movió coreográficamente y al ritmo de sus deseos y motivaciones.

 

Y es que quizá, aunque el marionetista ha crecido en esta dualidad, no es lo mismo ser el marionetista del teatro del pueblo de Macuspana, que el marionetista que tomará las riendas de un país de contrastantes y matices en sus manos.

 

Enredados. ¿Qué harán Morena y López Obrador con los datos personales de las personas que acuedieron a votar en la #ConsultaNAIM? Resulta que olvidaron entregar el formulario de aviso de privacidad y uso de datos personales. Clientelas a la vista.

 

Twitter: @DiegoBonetG

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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