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Violencia en el aire

Por Alejandra Fernández

Algo muy malo debe estar ocurriendo, desde el momento en el que los perros salen a la calle con ropa, subidos en carriola y comen croquetas más caras que una comida corrida; cuando en antaño los animales de compañía se alimentaban con las sobras de la comida o en el mejor de los casos se les compraban pellejos o menudencias en pollerías y carnicerías.  Estamos convirtiendo a las mascotas en seres humanos los cuales acuden no solo al spa sino a terapias psicológicas.

En tanto que es común leer cada día los titulares de las noticias en las que se detallan asaltos, se da cuenta de bandas de colombianos asaltando casas habitación de manera organizada y sistemática, vemos también los videos de criminales asaltando a usuarios del transporte público, leemos en redes sociales a fanáticos y enajenados dándose con todo cuando no piensan como ellos y lo más terrorífico: la muerte y la promoción de asesinar a mujeres como si fuéramos ciudadanas de segunda.

Se está tornando natural vivir rodeados de violencia, inseguridad y denostaciones por tener características particulares. Suena familiar etiquetary nombrar a las personas como: “nacos, negros, gordas, güeros, flaca, jotito, machorra, indio, fresa, feminazi, etc” y más allá de palabras se trata de violencia verbal que tiende a transformarse en violencia física.

Es urgente hacer una pausa para revisar como estamos educando a los niños, pues resulta ofensivo escucharlos discutiendo entre ellos gritándose “Juan es un marica” y “María no juega porque es niña y seguro perdemos”. 

Mucho ojo porque estamos criando a los  varones como machos, que a futuro pueden convertirse en uno más de los monstruos que asesinan mujeres por odio,  apañalados por esta sociedad patriarcal que los apapacha mientras aplasta a las mujeres. 

Hagamos una pausa y evaluemos si estamos orgullosos de cómo nos comportamos los adultos y de qué les estamos enseñando a nuestros niños. Podríamos comenzar por cambiar nuestro entorno inmediato, todo aquello que en el “otro” nos resulta incorrecto e incluso violento; como la manera en la que le hablamos a los miembros de nuestra familia.   De ahí en adelante podremos no solo hablar de un cambio sino exigirlo.

Ve tambien.

Colaboración Diego Bonet Ríos de voces y tintas que lo intentan convencer. Lo que está haciendo es darse un balazo en el pie, dicen. Menos, pero también ríos de voces y tintas, que lo celebran. Lo que está haciendo es abrir el gobierno a la ciudadanía, dicen los otros.  …