En cualquier boda cada pareja gasta lo que quiere sin problema alguno, siempre y cuando el dinero provenga de fuentes lícitas. No dudo que en esta ocasión sea algo contrario, ni mucho menos me atrevería a acusar a alguien de algo. Pero, ¿qué pasa cuando lo que se dice por la boca no concuerda con lo que los ojos miran? Simplemente se genera un corto circuito.

La fortaleza de un discurso de austeridad, solidaridad y cercanía con los más pobres se debilita cuando se cae en la tentación— legítima— pero tentación al fin, de poner en el reflector lo anteriormente juzgado: la opulencia, el despilfarro, los grandes manjares, los grandes grupos musicales contratados, los grandes vestidos de diseñador, los grandes relojes que adornan puños, las grandes joyas, los grandes coches y las refinadas invitaciones que dan pase directo a una realidad a la que no todos tienen acceso.

El sentimiento de separación fue evidente. Vallas entre los próximos gobernados y los próximos gobernantes. Vallas entre las nuevas élites políticas, sociales y empresariales del país y las mismas clases bajas, pobres y olvidadas del país. Y más vallas entre los que son el pueblo y los que dicen defenderlo.

La boda del hombre más cercano al presidente electo Andrés Manuel López Obrador; César Yáñez, no la tuvo ni Obama. La boda del también ex vocero de AMLO y próximo Coordinador de Política y Gobierno en el sexenio que está por comenzar fue una boda fifí digna de un Romero Deschamps o de un Salinas de Gortari, los padres de la mafia del poder.

Y el problema es que, aunque nuevamente esa riqueza sea legítima, parte— de cierto modo— de la desigualdad social que aqueja a nuestro país. Donde pocos tienen mucho y muchos tienen poco. Por eso, es muy cínico criticar las mieles que dan las posiciones privilegiadas, ya sean empresariales, políticas o sociales, y al momento de tenerlas en el plato de degustación disfrutarlas y presumirlas sin el mayor empacho. No hay otra forma de llamarle mas que incongruencia e imprudencia.

Con una mesa de regalos en Palacio de Hierro de aproximadamente 470 mil pesos. Con por lo menos dos cambios de vestido del diseñador Benito Santos. Con un banquete de aproximadamente 750 mil pesos, que incluía una mezcla de langosta, filete, camarones y antojitos mexicanos. Con un primer cóctel en uno de los hoteles más caros de la ciudad, el nuevo Rosewood. Con una decoración floral digna de un bosque de aproximadamente 300 mil pesos. Con 2 grupos musicales; Matute y Los Ángeles Azules (500 mil pesos por presentación), y un solista; Paco de María, para amenizar la fiesta. Con todo eso, más el enorme operativo de seguridad implementado por el gobierno estatal y las vallas colocadas en un espacio público, literalmente, ¡tiraron la austeridad por la ventana!

Y con ella, se les fue un poquito de credibilidad…

Enredados. La novia, Dulce María Silva Hernández, fue detenida durante del sexenio de Rafael Moreno Valle y muchos dijeron que se trataba de una presa política. ¿Habrá sido la mega boda un mensaje político? Y si es así, ¿cuál?

Twitter: @DiegoBonetG

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