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El crucifijo dorado.

Por @avestruzeterea

Imaginen la escena. Una familia católica envía a su hijo a una actividad parroquial. El niño regresa contento: a él y a todos los demás les dieron un crucifijo plateado, que deben llevar a las demás actividades.

 

Mamá y papá están contentos porque su hijo va por buen camino en su vida espiritual.

 

Pero en un par de meses la situación parece mejorar. El niño ya tiene un crucifijo dorado. El siguiente domingo en misa la mamá ve que de cien niños, solo 15 o 20 tienen crucifijos dorados. “Mi hijo es tan bueno”, dice la mamá orgullosa. Deja una limosna grande en la iglesia. Terminando la misa le compra un helado. ¡Su niño es especial!

 

Y sí. Su hijo en realidad es especial. Los sacerdotes a los que ella lo llevaba lo violaron, abusaron de él, le tomaron fotos desnudo, lo tocaron a la fuerza, lo forzaron a tocarlos. Y como el niño ya había caído, lo marcaban. Era más débil. Ya estaba vulnerado. Le daban el crucifijo dorado. Entonces los demás sacerdotes sabían que era más fácil abusar de él que de uno de crucifijo plateado.

 

 

Hay muchos escritores de mente retorcida. Genios que saben meter los pliegues más oscuros de la mente en sus historias. Maestros del humor negro. Genios de lo macabro. Directores de cine que hacen del sadismo una obra de culto.

 

Pero no le llegan a la Iglesia Católica.

 

 

No terminaríamos nunca de enumerar las atrocidades que han cometido. En México tal vez las palmas se las lleve Marcial Maciel aunque hay miles más. Gente llena de valentía los ha denunciado ante un aparato de justicia que hizo muy poco honor a su nombre. En Irlanda aparte de las denuncias hubo cadáveres que dieron cuenta de lo que los obispos consintieron. En Boston se necesitó una investigación periodística de meses que dio origen a una película que ganó el Óscar. En Alemania en estos días se están dando a conocer resultados de investigaciones, en Australia, en Suiza, en Chile, en California… Hay diócesis que han quebrado por todo el dinero que han tenido que pagar para acallar demandas. ¿Por qué el caso de Pensilvania, de donde tomé la anécdota de los crucifijos dorados, es diferente a los demás?

 

Porque TODA la información que se dio a conocer en el reporte del fiscal del estado fue tomada DE LOS ARCHIVOS DE LAS DIÓCESIS.

 

Por favor deténganse un momento en esto.

 

La información no sale de un adulto que se atrevió a contar lo que le hicieron hace 15 años.

La información no sale de una madre que se atrevió a desconfiar de un sacerdote.

La información no sale de un club de ateos con ganas de desprestigiar.

La información no sale de pastores protestantes que quieren incrementar su rebaño.

La información no sale de asociaciones satánicas.

La información no sale de un sacerdote arrepentido.

La información no sale de un programa sensacionalista de tele.

La información no sale de investigaciones periodísticas.

La información no sale de redes sociales.

La información no sale de George Soros, de los comunistas, de los illuminati, de los reptilianos.

 

No.

Toda la información, incluyendo el tema de los crucifijos dorados, incluyendo las fotos que les tomaban a los niños sin ropa, está en los archivos de las diócesis. Así como hacer una bitácora de actividades diarias. Así como la de la tienda de la esquina escribe en su cuaderno los chicles que ha vendido. Como se hace un reporte de un viaje de trabajo. Como un cirujano detalla la operación que hizo. Como una sicóloga en una escuela prepara su informe para platicar con los papás de un niño con problemas de aprendizaje.

Así, con todo el descaro que da la impunidad. Así documentaron todo. Lo único que tuvo que hacer el fiscal fue conseguir acceso a los datos. Ahí estaba cada detalle, cada nombre, cada foto, cada abuso.

 

Pero no termina ahí. Hay más. El nuncio del Vaticano en Estados Unidos (técnicamente embajador, lo que además le da inmunidad diplomática) dice que toda la información de los archivos de Pensilvania se envió al Vaticano. El embajador dice que el Papa Francisco sabía de esto.

 

Y no hizo nada.

 

Insisto: no se trata de reportes tal vez interesados que el Papa puede creer o no. No. Se trata de los archivos oficiales de las diócesis de Pensilvania, enviados por su embajador. Él tuvo acceso a ellos. Ninguna consecuencia.

 

Pero no todo está perdido.

 

Ya convocó el Papa este SEPTIEMBRE a una reunión URGENTE a toda la jerarquía católica. ¿Saben para cuándo la convocó? Para FEBRERO de año que viene. Seis meses después. Entiendo que hace 200 años había que darle tiempo a los obispos de Uruguay a que tomaran su navío y se hicieran a la mar, pero… ¿ahora?  ¿En 2018? ¿Seis meses para tratar algo de este nivel de gravedad?

 

Pues sí. Seis meses.

 

De todos modos no tengan muchas esperanzas de que el problema se pueda arreglar desde adentro de la Iglesia Católica. Como saben, para remediar un problema el primer paso es entenderlo. Y el Papa no entiende el problema.

 

¿Saben cuál es el diagnóstico del Papa sobre el caso específico de Pensilvania? Pues él lo dijo textual. El problema es que “Satanás se disfraza de ángel de luz”.

 

Carajo.

 

Mientras el Papa habla de Satanás disfrazado, los sacerdotes de Pensilvania que tan bien documentaron cómo le daban al niño que violaban un crucifijo dorado para marcarlo con los demás sacerdotes, no están ni siquiera excomulgados.

 

Niños…

 

Un crucifijo dorado…

 

Carajo.

 

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