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¿A quién queremos apoyar?

Colaboración de @avestruzeterea

Hace unas semanas hubo una polémica en redes por un joven que solicitaba ayuda para que le dieran un boleto de avión a París para poder tomar una especialidad para la que Guillermo del Toro le dio una beca.

 

Hubo quien dijo que no parecía estar esforzándose mucho en conseguir por sus propios medios el boleto, y yo estuve en ese grupo. Me parece que la tenía bastante fácil: ofrecer por ejemplo sus ilustraciones dedicadas a cambio de dinero (si son suficientemente buenas para Del Toro, lo serán para miles de personas). También podría ofrecer que en los créditos de su trabajo final en París, justo debajo del agradecimiento a Guillermo del Toro, pusiera los nombres de los que contribuyeron al viaje. Nuevamente creo que más de uno habría participado con gusto. Sin embargo otro grupo dijo que no, que quien hablaba de trabajo y rifas y ofrecer algo a cambio y demás maneras de obtenerlo por sí mismo era gente privilegiada, que podría tener recursos pero no ser lo suficientemente buenos para ser becados. Yo me quedo con la idea de que no puede haber becados si no hay quien otorgue becas.

 

En fin, que todo se resolvió cuando Guillermo del Toro dijo que él pagaba el avión, y como el señor puede hacer con su dinero lo que quiera mientas sea legal, pues asunto zanjado.

 

Solo me quedé con una duda. ¿A quién queremos apoyar?

 

CFE

 

Me refiero por ejemplo a la “amnistía energética” que anunció AMLO. La historia es breve: él de puro coraje dijo hace muchos años en Tabasco que como acto de resistencia civil la gente podía no pagar su recibo de CFE y que él se encargaba de que no les cortaran el servicio de energía eléctrica, con presión social o política o con diablitos o como sea, porque al diablito con sus instituciones. Eso le generó a la CFE (o sea, a usted si paga impuestos) un pequeño faltante de decenas de miles de millones de pesos. Y como estrategia de campaña le dijo a esos mismos morosos que si votaban por él, les haría borrón y cuenta nueva. Ganó, y pues ya anunció una de sus múltiples amnistías.

 

Sería cómico si no fuera para llorar. Como político de oposición les pide que no paguen. Como promesa de campaña les dice que si votan por él, ahí muere la deuda. Gana la elección y lo anuncia. Desde luego en esta patética situación tienen mención especial las autoridades presentes y pasadas que permitieron esa sinvergüenzada.

 

Vamos a eliminar el Factor Privilegio al que tanto aluden los progres. No comparemos a un mirrey de Polanco con el agricultor de Macuspana. No. Vamos a imaginar a dos personas del mismo pueblo de Tabasco, que tienen los mismos años de escolaridad y los mismos ingresos. Uno de ellos entró alegre a la propuesta gandalla de AMLO y lleva años sin pagar. Pero en la casa de junto su vecino sí paga. Seguramente platicaron en familia y dijeron “pues muchos aquí dicen que no hay que pagar pero eso no se me hace justo. Es un servicio que nos dan y que obviamente tiene un costo. Vamos a seguir pagando”.

 

¿Y a quién queremos apoyar? Pues dice AMLO que al que no quiso pagar. Ninguna ayuda al que sí lo estuvo haciendo. Si esa persona cumplida se atrasó hace dos años, le cortaron y tuvo que pagar reconexión, para ese no hay reembolso. Al que hizo sacrificios económicos porque tenía que reservar unos pesos para pagar la luz, para ese no hay ningún estímulo. Para el que hizo las cosas bien no hay nada.

 

Para el que no, borrón y cuenta nueva. 100% de descuento a la energía eléctrica que usó la última década. A ellos sí les tocó ganar. ¿Pues a quién queremos apoyar?

 

FOTOMULTAS

 

Me refiero por ejemplo a las fotomultas. Hoy hay en CDMX un programa que, bien o mal hecho, utiliza la tecnología para poner multas. No es algo que se haya inventado en México, de hecho en muchos países de primer mundo se usa. No hay evidencias de que los radares den lecturas incorrectas para perjudicar a conductores inocentes.

 

Con todos los defectos que podría tener el programa, en general a quien multaba era al que hacía algo indebido, y en general no multaba a quien no.

 

¿A quién vamos a apoyar? Claudia Sheinbaum ofreció eliminar el programa de fotomultas. “Es un atentado a la economía familiar” fue uno de sus argumentos. ¿Sí? ¿De qué familias? Si es de las que se pasan altos, invaden carriles confinados y manejan a 130 kilómetros por hora en las madrugadas, pues… no se me hace tan grave que les peguen en su economía familiar. Dicen que van a cambiar el programa por otro que dé educación vial. Claro, porque el que se pasa altos necesita cursos porque no sabe lo que significa ese foquito rojo que hay en algunas esquinas. Seguro es por eso que se los brinca.

 

Nuevamente pensemos en dos personas del mismo estrato social, color de piel, género, orientación sexual, nivel educativo e ingresos, para que no den lata con su cancioncita del privilegio. Imaginemos dos señoras. Una de ellas lleva cero fotomultas en los últimos dos años. Su amiga lleva once. La principal razón de la diferencia en el conteo es que una maneja respetando el reglamento de tránsito y la otra parece conductora de tanque de guerra. Sí, las once multas le pegan en su economía familiar. Pero… ¿a quién queremos apoyar? Eliminar las fotomultas le quita recursos a la CDMX, recursos que venían de personas como nuestra cafre amiga reincidente. ¿Es tan necesario ayudar a su economía familiar? ¿No se puede mejor apoyar como gobierno a la que no ha cometido ninguna infracción, que ha respetado la velocidad máxima, que no invade el carril del Metrobús, que respeta el semáforo en rojo? ¿Pues a quién queremos apoyar?

 

AMNISTÍA

 

Me refiero por ejemplo a las amnistías. Sí, triste el caso del Brayan. Estaba en el parque en su INFONAVIT cuando se enteró que los malos de la zona necesitaban halcones. Cierto, el Brayan viene de un hogar desintegrado, de una familia disfuncional. Tiene pocas oportunidades de educación de calidad, en la economía formal no tiene lugar, y en la economía informal se gana muy poco. A sus 19 años es fácil que acepte los $4,500 a la semana más un celular para estar cuatro horas al día en una esquina reportando movimientos, o en una moto cuidando territorio. Si cae en la cárcel, no suena descabellado que entre en una amnistía. No es que pozoleara gente, solo le avisaba al pozolero si venía la policía o los del bando rival para que se fuera a cocinar a otro lado. Hagamos a esos jóvenes halcones (o a los campesinos sembradores de mariguana) sujetos de amnistía. Pero nuevamente, ¿a quién queremos apoyar? Porque el Brayan fue víctima de sus circunstancias, pero junto a él en ese mismo parque del INFONAVIT estaba su amigo el Kevin. Y el Kevin decidió no hacerse informante del crimen organizado sino seguir de cerillo en el supermercado. Claro, no gana tanto como su amigo el Brayan, y trabaja mucho más de cuatro horas. Pero a pesar de venir del mismo lugar y padecer las mismas carencias, decidió hacer lo correcto. Del mismo modo que junto a la parcela michoacana sembrada con amapola hay otra con cultivos legales, de un campesino del mismo ejido que está dispuesto a ganar menos a cambio de hacer las cosas bien.

 

¿Y entonces?

 

¿Y a quién estamos apoyando? Si le damos incentivos al que no hace las cosas bien (al que no paga energía eléctrica, al que maneja a exceso de velocidad, al que entra al crimen organizado, al que siembra cosas que sabe que están prohibidas) y olvidamos al que sí decide hacer las cosas bien a pesar de estar en las mismas condiciones que los primeros, estamos enviando una señal muy peligrosa. Desde luego que esto no es algo que haya empezado AMLO, y los que ya tenemos algunos muchos años sabemos que esto viene al menos desde el siglo pasado, que el PRI se manejaba como pez en el agua en ese ambiente, y que al PAN se le olvidó que se suponía que tenía que cambiar esa característica del sistema y más bien se acomodó de maravilla.

 

Lo que creo que ha cambiado es la racionalización de esas conductas, con los epigmenios atacando en redes sociales a quienes pensamos que es mejor apoyar al que a pesar de tener todos los incentivos para hacer las cosas mal, decide portarse bien. Si alguien opina que una persona de 31 años con carrera en universidad privada y un gran talento para imaginar e ilustrar historias tiene elementos para poder conseguir dinero para un viaje a París, resulta que es porque vive del privilegio. Si alguien cree que todos deben pagar por lo que consuman de energía eléctrica es porque no tiene empatía. Y así le siguen, tratando de acallar la conversación. Y al final a quienes dejan de lado es a esos ciudadanos que a pesar de venir del mismo lugar, tienen un comportamiento diferente.

 

A ese tabasqueño que sí pagó la luz y que ve que premian al que no.

A esa señora que sí respeta los altos y ve que premian a la que no.

Al pobre Kevin. Que alguien piense en el Kevin.

Al ejidatario de la parcela michoacana que prefirió el maíz a la adormidera.

 

¿Privilegiados ellos? Pues tal vez. Tienen uno de los privilegios más altos que existen: la convicción de que hay que hacer lo correcto. Muchas más personas como ellos necesitamos en México. Justo a ese tipo de personas es a las que habría que apoyar.

 

Pero mientras… ¿a quién estamos apoyando?

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