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AMLO es la prisa por el TLC

Por Carlos Loret de Mola A.

El rumor es que ya hubo apretón de manos y fue en Lima, Perú. Entre el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y el vicepresidente de Estados Unidos, Michael Pence. Que en su reunión bilateral habrían platicado de la importancia de concluir favorablemente la renegociación del TLC porque ambas partes enfrentan desafíos políticos que pueden complicar el destino del Tratado.

En Estados Unidos, porque parece inminente la victoria del opositor Partido Demócrata que recuperaría la mayoría en el Congreso, y estaría animado a bloquear todo aquello que pueda darle un triunfo al presidente Trump de cara a su anunciada reelección en 2020. Quizá un nuevo Congreso con una nueva composición complicaría las cosas.

En México, porque parece inminente la victoria del opositor Andrés Manuel López Obrador, y tanto el gobierno como la iniciativa privada buscan usar los tratados comerciales como candado para evitar que un eventual nuevo gobierno con ideas contrarias pueda echar para atrás las inversiones de la reforma energética, de telecomunicaciones, etc. Por eso el gobierno mexicano ha sido tan insistente en los capítulos 11 y 20, y la cláusula de extinción (sunset clause, la de que el TLC tendría que renegociarse cada cinco años o se acabaría en automático), porque implica blindarse ante la posibilidad de que una nueva administración quiera dar golpes de timón. El TLC con América del Norte, más el TLC con la Unión Europea, y en general los tratados comerciales con cosa de cincuenta países se han vuelto la herramienta más confiable del empresariado y el gobierno mexicanos para ponerle una camisa de fuerza a la posibilidad de que se implementen políticas económicas contrarias al libre mercado.

Todo esto me lo comentan fuentes allegadas a la negociación, que están preparándose para hacer un anuncio sobre el éxito de la renegociación, en breve. Sin embargo, la carretera parece aún larga de recorrer: existen cuando menos cinco puntos que no han sido renegociados por los equipos técnicos y están a la espera de que los ministros-secretarios los “desatoren”. Entre ellos, el tema automotriz y la cláusula de extinción.

Del lado mexicano, me dicen que la disputa entre el canciller Luis Videgaray y el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, ha llegado a los niveles más altos. Videgaray quiere aprovechar que están alineados los astros políticos en los próximos días para cerrar ya y no seguir corriendo el riesgo de que todo se descomponga al menor berrinche de Trump, mientras que Guajardo quiere esperar más rondas de negociación y quizá conseguir dos o tres cosas en mejores condiciones para el empresariado mexicano. Son dos maneras de ver las cosas.

Me cuentan que hace unos días, estando los dos secretarios mexicanos en Washington, su desencuentro fue tal que debieron llamar a su jefe, el presidente Enrique Peña Nieto, para que dirimiera la disputa.

Aparentemente, Peña le dio tres semanas más a Guajardo para cerrar el trato. El lapso está por agotarse. Y luego a ver qué hace Canadá, que anda arrastrando los pies.

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