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Ya dejen de pedir perdón (Polo Polo, tres doritos después)

Colaboración de @avestruzeterea

Cuando yo era joven, allá en el milenio pasado, me gustaba ir a ver a Polo Polo al Teatro Blanquita Blanquita.

En aquellos tiempos uno sabía a lo que iba.

Era usual, cuando un hombre y una mujer llegaban tarde, que él interrumpiera su chiste para decirles “qué bueno que ya llegaron. Nos tenian con pendientito. Hablando a todos los moteles, a ver dónde andaban…”. Y aunque parezca increíble había siempre un iluminado que creía que lo podía alburear. Las repuestas eran épicas.

No recuerdo que alguien de esa pareja que llegara tarde se quejara del chiste de los moteles. O que el albureador albureado exigiera disculpas. Parecía obvia la situación: si vas a un espectáculo de humor para adultos puedes esperar humor para adultos. Y el comediante para adultos no tenía que pedir perdón por ello. ¿Que no te gustaba escuchar groserías? Sencillo. No ibas.

Las cosas han cambiado. Ejemplos hay muchos.

En Reino Unido un comediante comentó que de él habían dicho que parecía Daniel Craig con síndrome de Down. La mamá de una niña con síndrome de Down se indignó, abandonó el espectáculo y forzó una disculpa pública.

En México el Community Manager de Doritos en Twitter escribe como escriben los jóvenes. Una distinguida académica se indignó y forzó una disculpa pública.

Platanito tiene un espectáculo de humor negro. Hay que pagar para entrar, no es que vaya a tu casa a decir sus chistes. Hizo un chiste sobre la guardería ABC. Pues sí: indignación y disculpa pública.

Le pasó a KLM (ahí el indignado fue un charolastra), le pasa a otras marcas, a políticos, presentadores, profesores, simples usuarios de redes sociales. Parece que hay indignados dispuestos a rebelarse ante la más leve desviación de la corrección política.

Y están ganando la batalla. El blasfemo que hace chistes para adultos en foros para adultos, la empresa hereje que pone a un joven en Twitter a contestar como joven a un público mayormente joven, el que menciona un síndrome como característica fisica propia… todos van cayendo en “una disculpa por haber hablado coloquialmente” o “una disculpa por hacer humor negro en mi espectáculo de humor negro” o “una disculpa por usar doble sentido en mi rutina de albures”.

Aquí la que pierde es la libertad de expresión. Entiendo que un ateo no debe ir a misa el domingo a repelarle al sacerdote sobre las inconsistencias de la Biblia. Entiendo que los chistes crueles sobre personas con discapacidad no son oportunos en los CRIT del TELETON. Si yo contrato a un payaso para que vaya a la fiesta de mi hijo de ocho años tengo fundadas razones para demandar solo chistes acordes a esa edad.

Señores, señoras, señoritas: si un tipo de humor les ofende, evítenlo. Si hay temas tabú, usen filtros en sus redes sociales. Si las palabras malsonantes les asustan, no vayan a foros inadecuados. Tienen derecho a que nadie los vaya a buscar a su casa o a marcarles por teléfono para decirles cosas que no quieren escuchar.

Pero por favor dejen de indignarse por todo.

Más importante aún, para los creadores de contenido, artistas, comediantes, blogueros, creativos de marca: ya dejen de pedir perdón. No se autocensuren. Tal vez sean más los que se ofenden por una palabra o una broma pero créanme: muchos otros nos sentimos con el criterio para discernir entre lo que se nos hace aceptable y lo que no, y proceder en consecuencia. Y de entrada vemos lo solemne como aburrido y lo iconoclasta como interesante.

Dejen de pedir perdón. Indignados gonna indignarse. No les hagan caso.

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