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Una mona no tan mona

Colaboración de Alejandra Fernández

Dos hechos en su vida la pusieron cara a cara en un mundo que solo veía de lejos: un problema personal y la curiosidad. Está de moda entre los jóvenes, la hay de guayaba, canela, uva, fresa, sándalo, café y chocolate; ésta última inspirada en los famosos chocolates de la envoltura dorada, aquella que en su publicidad evoca grandes momentos e involucra a gente elegante.

Se ha hecho famosa entre niños y adolescentes de las clases sociales más bajas, gracias a lo accesible en precio y sitios de compra. Los precios van desde los 10 pesos que son aproximadamente 20 mililitros hasta la más cara de 65 pesos con sabor a chocolate.

“Karen” de figura extremadamente delgada, sonriente,  a veces evasiva y distante me cuenta que mientras vivía presa de la droga, recuerda que le sorprendía el hecho de aparecer de repente en ciertos lugares, incluida su casa, sin saber cómo había llegado.

Reconoce que otros de los efectos que le producía inhalar la “mona, gasa o papelazo”, además de la falta de apetito, ansiedad, sed y depresión; era la pérdida de la noción del tiempo, lo cual encajaba perfecto con lo que ella deseaba: “desconectar” de la realidad.

La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016/2017 reveló que en los últimos 7 años el consumo de drogas se incrementó un 47%, especialmente entre mujeres y adolescentes.

Estas lamentables historias de chicas y chicos que se pierden en manos de drogas de fácil acceso, son el tipo de “estados” que deberían importarnos más que el de Maluma o el de Thalia. Llegó la hora de dejar de evadir la realidad y enfrentar lo que haya que enfrentar con fuerza y contundencia.

Estaría bueno ver acciones concretas en la lucha por defender e impulsar a nuestra juventud; comenzando por legislar para evitar la venta de componentes químicos que se transforman en drogas inhaladas, deberían ser vendidos de igual manera que los antibióticos, claro con sus respectivos ajustes que hagan posible la adquisición para los que lo requieran para uso meramente profesional.

Afortunadamente “Karen” vivió para contarlo, hoy lucha día a día para no recaer y por sobreponerse a la ansiedad que “la mona, no tan mona” le dejó.

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