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La respuesta

Colaboración de Diego Bonet Galaz.

La respuesta, nuestra respuesta.

Sabernos capaces de estar quietos y pacientes y obedientes y pensativos para escucharnos en nuestros silencios y laberintos de escombros. Para encontrarnos con la vida o las vidas de los otros pero también sabernos impacientes y desbordados y rebeldes y con los ojos bien abiertos y el alma espavilada para levantarnos y ayudar a levantarse al otro, para cambiarnos.

Ver caídas nuestras piedras y a nuestros héroes quienes las levantan. Los estragos del rugído feroz de nuestra tierra y los estragos del rugído feroz de una sociedad que rugió como el más poderoso ser capaz de mover montañas y voluntades, de recorrer kilómetros de carreteras de asfalto y de carctéres digitales para reecontrarnos con los otros, con los de al lado, los de arriba, los de enfrente, los de abajo, como nunca lo habíamos hecho. Ver colapsados edificios y la colapsada confianza que aun nos quedaba en nuestros políticos y aun así sabernos fuertes y no solos, sabernos fuentes de transformación sin dejarles que se apoderen de ese enorme privilegio y lo hagan monopolio una vez más.

Ver desnudas y en presente nuestras grietas, nuestras filias, nuestras fobias, y nuestras profundas y olvidadas tristezas. Rincones agrietados llenos de marginación, pobreza, abandono y corrupción. Y aun así ver enaltecido nuestro espíritu cuando más crueles parecen haber estado nuestras pruebas.

De verdad, ojalá nos grabemos con tinta imborrable estos días en el recuerdo, en la memoria, en las manos, en el cuerpo, en las palabras. Ojalá nos grabemos y acordemos de estos días siempre. Y se los recordemos a nuestros hijos. Y ellos a nuestros nietos. Y se lo gritemos a todo el mundo. Ojalá que cuando parezca que no podemos estar más cansados y cargando a cuestas las lozas del hartazgo, de la indignación, de la desesperanza, del sufrimiento, del desasosiego, de la sinrazón, nos acordemos de estos días.

Y sepamos que después del día de mañana, en el 2018 o en 6 años, con este presidente o con el otro, con el PRI, con el PAN, con el PRD, con los colores e ideologías que vengan, amanecimos siendo un poquito mejores. Amanecimos con un país nuevo, cambiante, radiante, que como el ave fenix resurgió de sus cenizas, por más fragiles que nos hayamos visto en el espejo del ayer o retratado en la foto de aquella anterior noche. Ojalá siempre tengamos esta respuesta ante las millones de preguntas que nos faltan por responder y cuestionar en el destino y biografía de aquel que es o fue mexicano. Y que cuando nos preguntemos y nos pregunten qué diablos tenemos que hacer para cambiar a este país se nos quede grabada en el corazón y en el alma esta respuesta. Nuestra respuesta y el camino que, a partir de ella, debemos caminar. Un destello que antes del 19 de septiembre no teníamos o habíamos querido ver.  

Twitter: @DiegoBonetG

 

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