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Los tatuajes como alegoría

Colaboración de @Avestruzeterea


La historia fue difundida en los medios, generalmente en tono de sorna. Dos diputados del PAN, partido que nació liberal pero ya se les olvidó, propusieron prohibir los tatuajes temporales que vienen en productos de consumo.
Seguramente los que hicieron la iniciativa no tienen tatuajes. Yo tampoco, ni me pasa por la cabeza hacerme uno.
Seguramente a los que hicieron la iniciativa no les gusta cómo se ven los tatuajes en los demás. A mí francamente tampoco.
Seguramente si estuviera en ellos elegir, preferirían que sus hijos no se tatuaran. Cuéntenme en su grupo.
Seguramente ellos piensan que si alguien llega con muchos tatuajes a una entrevista de trabajo, estén en desventaja contra quienes no los tengan. Creo que aciertan: como está hoy el nivel de prejuicios, ciertamente salvo que vayas a pedir trabajo a una tienda de tatuajes, es probable que mucha tinta en la piel sea contraproducente.
Coincido entonces con los autores de la iniciativa: no me gustan, no me los pondría, pueden ser contraproducentes en una entrevista de trabajo. Podemos agregar más cosas: si no se hacen con las medidas de higiene adecuadas pueden generar infecciones, y puede interferir en el proceso de donación de sangre.
Dado todo lo anterior, ¿estoy a favor de la iniciativa? Por supuesto que no. Mi opinión sobre los tatuajes no debe ser pretexto para sacar una ley que prohíba tatuarse al que así lo quiera. No está en mí, y qué bueno, decidir lo que mis hijos hagan o no con su piel cuando estén en la edad para hacerlo. Un tatuaje no impide realizar trabajos. La insalubridad de lugares donde se tatúa es un argumento contra la regulación, no contra el tatuaje en sí.
La mayoría de la gente, incluidos los panistas, está de acuerdo en que esa iniciativa era absurda. Tan es así que la retiraron.
Y es que ninguna ley debe ir en contra de las decisiones individuales, que atañen a cada persona, mientras no transgredan derechos de los demás. Cierto que hay personas con tatuajes que asaltan. Pero es porque son rateros, no por tatuados. Asumo que la mayoría del gabinete de EPN y de los gobernadores no están tatuados, y vaya que han robado.
Todo esto es muy obvio, ¿no? Fácil de entender. Poco polémico. Tú tomas tus decisiones sin afectar a los demás. Las leyes y reglamentos entran en acción si y solo si dañas a terceros. 
Al final así funciona el liberalismo. Cada quien es responsable de sus decisiones. Y nada más que discutir, ¿cierto?
Pues desgraciadamente no. Cambien “tatuajes” por “legalización de la mariguana recreativa” o “matrimonio entre personas del mismo género”. Al final es lo mismo: decisiones personales que no perjudican a terceros.
Que esa claridad de la sociedad mexicana para rechazar la absurda iniciativa de tatuajes se extienda a otros temas de libertad personal. Que se tatúe el que quiera, que fume mota el que quiera, que dos personas que se quieran casar se casen.
¿Que no te gustan los tatuajes (como a mí)? No te tatúes. ¿Que no fumas mota (yo tampoco)? Sigue sin hacerlo. ¿Que eres hombre (como yo) y te gustan las mujeres y te casaste con una? No te divorcies para casarte con el compadre.
Nada más no te metas con los derechos de los que piensan o sienten diferente. 

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