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No es lo mismo gobernar, que blofear.

Colaboración de Diego Bonet Galaz.

No es lo mismo gobernar, que blofear. Quizá será la mayor lección de los primeros cien días de gobierno del nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. No es lo mismo prometer, que cumplir. Su discurso de que los políticos solo hablan y no cumplen le estalló en las manos en su primer intento por cumplir aquello que prometió e impulsar su agenda legislativa. Se enfrentó con la durísima realidad de un sistema político estadounidense con contrapesos que comienzan a funcionar, más complejo de lo que pensaba.

Estoy hablando del fracaso rotundo que tuvo al tratar de sustituir el programa sanitario conocido como “Obamacare” por uno que representaría en pocas palabras, dejar sin cobertura de salud a más de 26 millones de norteamericanos.

Trump recibió el más grande golpe en sus primeros dos meses al frente de la Casa Blanca, y lo recibió de manos del propio partido Republicano, al no contar con los votos necesarios para aprobar su iniciativa. Ante esto, se vio obligado a cambiar y moderar su retórica: “Creo que llevo aquí cuanto… ¿64 días? Nunca dije que derogaría y remplazaría el “Obamacare”… ustedes han escuchado todos mis discursos… nunca dije que la derogaría y la remplazaría en 64 días”. Sin embargo esta acción forma parte de su plan de los primeros 100 días, y se antoja casi imposible que sea aprobada antes de que los cumpla.

Barack Obama fue el primer presidente estadounidense en poder reformar el sistema de salud, luego de más de una decada de intentos fallidos por parte de otros presidentes. El debate en torno al esquema de salud impulsado por Obama se centra en cuatro grandes quejas hechas por miembros del partido Republicano: el mercado de seguros de salud individual está prácticamente colapsado, los gastos extras y deducibles son muy altos, los beneficiarios de Medicaid no encuentran doctores que los traten, y que ACA (Affordable Care Act) como también es conocida la ley Obamacare, reduce empleos y mano de obra. Además, en la discusión también está presente el papel y participación del Estado, y de qué tamaño debe ser esta.

Si bien pudimos ver hace unos días que nisiquiera con tener la mayoría en el Congreso y en el Senado del partido Republicano, le es garantía a Trump para aporbar sus iniciativas como un cheque en blanco, tampoco podemos cantar victoria.

Donald Trump cumple sus primeros cien días de gobierno el próximo 29 de abril, y aunque llegará desgastado por promesas sin cumplir y fuertes reveses como la cancelación a su veto migratorio, le quedan casi cuatro años en el poder, o más si se logra reelegir. Para México esto representa una bocanada de aire fresco, al ver que las insituciones y contrapesos están funcionado, pero también es un arma de doble filo al ser visto por Trump como un blanco facil de ataque y ganancia de popularidad. La líder de la minoría Demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, prácticamente le dijo a Trump que había cometido un error de principiante al tratar de impulsar esta inciativa sin lograr los acuerdos necesarios. El problema radica en que quedan más de tres años de un amateur controlando la oficina que más requiere de experiencia en el mundo, he ahí el peligro.

Twitter: @DiegoBonetG  

 

 

 

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