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La apremiante oportunidad.

Colaboración de Diego Bonet Galaz.

Fuente: Ipsos Public Affairs

Las oportunidades llegan casi solo una vez, si no sabemos aprovecharlas se van y tardan mucho en regresar. Si llegamos a tener suerte, podrían aparecer por segunda ocasión. El gobierno de Enrique Peña Nieto tuvo la oportunidad de pasar a la historia como el que rompió con estereotipos, formas y fondos de un viejo priísimo al que no se le quería entregar de nuevo las llaves de Los Pinos en 2012. No lo hizo. ¿Tiene en sus manos una segunda oportunidad?

El conflicto con Donald Trump, y no con todo el pueblo estadounidense, y nuestro país, México, se juega en dos pistas. Por un lado, tenemos la pista internacional para nosotros. En ella, Donald Trump, va como máquina de vapor; a toda marcha y a toda prisa, pasando por encima de quien se le ponga en el camino, para cumplir con la mayor cantidad de promesas electorales en sus primeros 100 días. Ese es el objetivo. Esa es la meta. Ese es el camino. 13 días y un ritmo frenético que han abierto más frentes que nunca. En todos y cada uno de ellos ha logrado ganar la agenda. Posicionarse y colocarse. Con tweets inesperados y polémicos. Con conferencias de prensa que parecen regaños de primaria. Con amenazas, como la que presuntamente hizo Donald Trump en la conversación telefónica que sostuvo con Peña Nieto sobre mandar tropas a México para acabar con los “bad hombres” que hay en nuestro país, versión que fue difundida el día de ayer, primero por la periodista Dolia Estévez y que más tarde la agencia AP confirmó, por tener un extracto de la llamada telefónica en su poder. Con el artefacto del espectáculo y la alternativa como el factor constante. Él y su equipo siguen en campaña. Una campaña para legitimarse en el poder. Ante esto, difícil es que se pueda hacer algo o llegar a negociar. Sabemos muy bien que, aunque se le diga populista, si él llega a cumplir con lo que prometió, podría reelegirse por cuatro años más en el poder, y en este escenario México es contemplado como uno de los principales blancos para cumplir con las expectativas y el fervor de una parte del electorado que cree que nos hemos robado los trabajos, el sueño americano y la grandeza de su país.

La otra pista, donde se podría hacer más, es la nacional. Donde se encuentra la pequeña pero clara segunda oportunidad de darle el rumbo correcto a México. El presidente Enrique Peña Nieto tiene una aprobación del 12% según una encuesta publicada recientemente por el periódico Reforma. No solo eso, en un estudio realizado en noviembre pasado por Ipsos Public Affairs, titulado What Worries The World, se coloca a México con un 96% de mexicanos encuestados que cree que el país va en la dirección incorrecta, solamente el 4% de los encuestados cree que vamos en la correcta. Y eso fue en noviembre. Esto es alarmante. Estamos en último lugar en esta categoría frente a otros países. Los temas que más preocupan son la violencia y el crimen, la pobreza y desigualdad, la corrupción, los derechos humanos y en general el Estado de Derecho. Los grandes temas que siempre han estado sobre la mesa. La agenda perenemente pendiente.

¿Cómo salir a defender a nuestro país ante ajenos cuando tenemos en casa un desastre? ¿Con qué armas y argumentos nos vamos a defender? La vulnerabilidad de nuestra situación actual frente a Trump, se debe en gran medida, por el desdén de años de servidores públicos que no hicieron su chamba, de políticos que saquearon el país, del conformismo enclenque de quedarnos con los ojos fijos en el norte y no diversificar nuestra economía, de no ver a otros sitios, de una ciudadanía que está harta pero que no sabe cómo organizarse, de un país que siempre se queda en el ya merito, en el #NoFuePenal, en la debilidad de un empequeñecimiento, que, imaginariamente nos hemos autoimpuesto a través de la historia.

La apremiante oportunidad que tenemos enfrente no solo le corresponde tomarla a nuestro presidente. Se pregunta unidad en torno a qué, y yo creo que la respuesta está en torno a un compromiso por querer tener un mejor país. Básico. Uno, para salir a defendernos con dignidad y valentía ante otros. El valiente vive hasta que el cobarde quiere. Cierto, pero el cobarde para eso, tiene que hacer algo por fortalecerse.

Twitter: @DiegoBonetG

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