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¿Acomodarnos o no?


Fotografía: Santiago Arau / Colaboración de Diego Bonet Galaz.

El pasado domingo se realizó la marcha #VibraMéxico en buena parte de los estados del país. En la Ciudad de México, sede oficial del evento, se estima que asistieron cerca de 18,500 personas según la SSP local. Voces y expresiones diversas. Lo mismo pancartas y consignas contra Enrique Peña Nieto y su gobierno, y la corrupción e impunidad en el país, que contra Donald Trump y su fascismo o anti mexicanismo exacerbado. Al mismo tiempo y lugar se realizó otra marcha, la de “Mexicanos Unidos”, encabezada por Isabel Miranda de Wallace, con cerca de 1,500 personas. Una marcha criticada por interferir misteriosamente en el esfuerzo, mucho antes convocado, de múltiples asociaciones y líderes de la sociedad civil.

¿Vibró México? Al final esa es la gran pregunta. No creo. Asistí a la casi marcha, que más bien fue mitin, en el zócalo de la ciudad de Puebla, por convicción. Creo que no basta con poner un tweet o compartir un video en Facebook sobre tu rechazo contra Donald Trump o el gobierno que pretende defendernos de él. Estoy convencido que se necesita ir más allá. Lo sé, una marcha no resuelve todos los problemas, pero la idea original era mostrar cierto músculo y fortaleza hacia el exterior y también rechazo al interior. Los mexicanos no nos dejamos, estamos de pie y frente a frente diciéndole “no” a Trump, y también “no” a un gobierno con boquetes y corrosión absoluta que no pueda defendernos porque no se puede defender ni a sí mismo. Eso es lo que se esperaba del domingo.

Me quedé con sentimientos encontrados. Me hubiera gustado ver más gente. Más jóvenes. No sé, quizá el ambiente tampoco está para eso. Al final, se vio lo contrario. Desunión. Mezquindad. Cada quien llevando agua para su molino. Los de la izquierda de López Obrador y dueños del monopolio de las calles, pavoneándose por la escasa participación. Paradójico que un líder que quiere gobernar a un país entero, sólo llene la calle Reforma si es para su causa, y si no, no se sume a otras. Paradójico es también ver al líder priísta y al presidente del país, queriéndose subir al tren de un ejercicio, como este, que lo que menos hizo es legitimarlos. Ni a ellos ni a su “unidad nacional” que artificialmente se intenta construir. De eso no se trataba.

Lo cierto es que Donald Trump ha sido como el agua que cae en el desierto para nuestra clase política. Un sistema de partidos; todos, del PRI, del PAN, del PRD, de Morena, que se encuentran en un árido campo de acción. Es el nuevo pretexto para ganar votos: que si yo haría mejor esto; que si yo voy a Los Ángeles para apoyar a los migrantes, por cierto, abandonados durante años, por todos aquellos que hoy los quieren defender; que si yo me reúno con Angela Merkel porque yo sí soy el líder que puedo defenderlos de una amenaza como la trumpista… en fin, puro yo-yo en el juego de la política nacional. Pura mezquindad.

Y hablando de mezquindades, creo que lo rescatable de la semana podría ser la renuncia del Senador Armando Ríos Piter al PRD. Muchos dicen que llega tarde. Lo he escuchado y me parece coherente en su pensar y en su actuar. Trae una propuesta llamada #Ola365 para que, en un año, exactamente 365 días, se puedan conseguir la mayor cantidad de candidaturas y espacios independientes en 2018. Un cambio al sistema. Creo que se ha dicho que el descontento social y los independientes se tienen que articular de cara al proceso electoral siguiente y sobre todo a la carrera presidencial, puede ser esta iniciativa una buena vía para ello. Veremos.

Así esta semana. De marchas, mezquindades y coyunturas políticas… Lo cierto, al final del día, es que no son tiempos para acomodarse.

Twitter: @DiegoBonetG

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